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Pascua en La Coralina: un domingo de conexión, renovación y placer

  • Foto del escritor: La Coralina Island House
    La Coralina Island House
  • 16 jul
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 30 jul

La mañana despierta despacio en La Coralina Island House. El sol se filtra entre las palmas, proyectando reflejos dorados sobre las vigas de madera talladas a mano. Una brisa salada llega desde el Caribe, trayendo consigo el susurro de las olas rompiendo en la orilla. A lo lejos, una guitarra acompaña al vaivén de las hojas.


La Pascua en Panamá es un tiempo de renovación. Una pausa serena, envuelta en calidez y tradición. Aquí se vive en el encuentro con seres queridos, en el primer sorbo de una mimosa bien fría, en la alegría sencilla de una mesa que espera ser compartida.


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Un brunch para saborear


Los platos llegan uno tras otro, celebrando la generosidad de la temporada. Hojaldres recién horneados se desarman al tacto, mantecosos y cálidos. El aire se llena del aroma profundo de mariscos al fuego, equilibrados con cítricos y especias.


Las risas fluyen alrededor de la mesa. Las copas se alzan en brindis tranquilos. La conversación va y viene con la marea. No es solo una comida: es un instante que se queda con vos, mucho después del último bocado.


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Un lugar que respira


La Coralina no fue diseñada para encerrar, sino para abrirse. Su arquitectura balinesa difumina los límites entre adentro y afuera, con textiles tejidos a mano, maderas nobles y arcos que se abren a la belleza indómita de Bocas del Toro. Las habitaciones son refugios suaves, donde las cortinas se mecen con la brisa y el día comienza con el murmullo del mar a tus pies.


Más allá de los senderos floridos, la isla espera. Pero por ahora, el único viaje es hacia la quietud: hacia el descanso, la presencia, y eso que se siente como volver a casa.



El spa: un ritual de renovación


El tiempo se diluye entre las paredes de piedra del spa. El aroma a ylang ylang y sándalo flota en el aire, mientras de fondo se escucha el eco lejano del mar. Manos expertas se deslizan con ritmo hipnótico, disolviendo tensiones con cada movimiento.


Un sorbo de té herbal. Un suspiro entre orquídeas y sal. Aquí, renovarse no es una idea: es una sensación que se instala en el cuerpo.


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Una celebración de la presencia


Para la tarde, los platos ya se han retirado, pero la sensación perdura: esa plenitud suave que deja un domingo bien vivido. Una siesta al sol. Burbujas doradas elevándose en la última copa. La mirada de quien también lo está sintiendo.


Porque hay momentos que no necesitan prisa. Hay momentos que merecen ser saboreados.












🕊 Cupos limitados – Requiere reserva previa. 

📅 Viví con nosotros esta celebración de la temporada.


 
 
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